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RECORDANDO A FERNANDO ALEGRIA
Tengo nubes en los ojos
y una melancolia que burbuja
en mi garganta
poblando la memoria de ti...
Siempre estuviste personalmente
lejos, Fernando, pero recuerdo
citas importantes
y encuentros felices
en Illinois, en Washington,
en California, en tu oficina,
que he ocupado durante un verano
cuando ensenaba portugues
en la Universidad de Stanford;
tu casa en Palo Alto,
902 Wing Place, donde te visitaba,
tu telefono, siempre atento,
tu voz de alquimista
que producia siempre
mi felicidad. Nubes coloreadas
de tristeza me impiden verte
ahora que demasiado lejos estas
ahora inmortalizado.
Pero yo sigo celebrando
tu carino y tu amistad
aqui en este pobre planeta.
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